
Willy Chirino
La pasión y los sueños
En la música popular pocos artistas han logrado superar las barreras del tiempo, modas y geografías, manteniendo la vigencia de su estilo propio. En esta reducida lista se escribe el nombre de Willy Chirino. Su aporte al desarrollo de la cultura de su país y Latinoamérica, junto a la lucha continua en favor de la libertad para su pueblo, lo convierten en uno de los más importantes exponentes de la música popular de estos tiempos.
Sensible, sencillo y talentoso, Willy Chirino ha logrado vivir con la misma pasión que contagia a través de su arte. Su historia personal se parece a la que muchos sueñan, pero que pocos se atreven a vivir.
Sus primeros años
Nació en Consolación del Sur, un pequeño pueblo al oeste de Cuba, en la provincia de Pinar del Río. Los catorce años que vivió en este lugar, rodeado de inocencia y simples tradiciones, fueron determinantes en su formación personal. “En mi casa abríamos la puerta de par en par a las 7 de la mañana y la cerrábamos a las 11 de la noche”, recuerda. “Todo el mundo pasaba por mi casa: mis amigos, los vecinos, los amigos de mis padres, el lechero, el aguador, todos”.
Hijo del fiscal del pueblo y de una farmacéutica que, finalmente, no ejerció su profesión, Willy fue siempre el centro de atención de su vecindario. El carisma y su compasión por los demás lo distinguían entre sus vecinos.
Pasaba sus horas de juego en el río y prefería montar un caballo a una bicicleta, lo que hizo se convirtiera en un experto jinete a los 5 años. Y es que divertirse era algo común en la vida diaria con sus amigos. Junto a ellos, era un como un rito dar vueltas al parque, caminando, conversando de lo simple y lo cotidiano. “Allí no existía el crimen, lo máximo que ocurrió en toda mi niñez fue que alguien entró a la botica del pueblo a robar una medicina. Eso fue suficiente comidilla por casi un año”, explica, describiendo la paz con que vivió durante sus primeros años de vida.
A los nueve años, luego de presenciar un show de Benny Moré durante una fiesta patronal, decide dedicarse totalmente a la música. En 1962 forma una banda de rock junto a sus compañeros de colegio llamada The Whailers, luego emigra a Nueva York en donde comienza una carrera prolífica como compositor, arreglador, instrumentista, cantante y productor. Además de haber trabajado con Tito Puente, Julio Gutiérrez y otros, Willy Chirino ha editado veinte discos larga duración en los que la mezcla de ritmos tropicales, habaneros y brasileros ha consolidado un estilo propio. Sus discos ?Zarabanda? (1985), ?South Beach? (1993), ?Asere? (1995), y ?Afro-disiac? (2000) ganaron discos de Oro y ?Oxígeno? (1991) y ?Acuarelas del Caribe? (1990), de Platino. Además de conducir la ?Fundación Willy Chirino?, dirige la compañía discográfica Latin Music Inc. Sus composiciones han sido interpretadas por diversos artistas como Celia Cruz, Raphael, Vicky Carr, Dyango, Ricardo Montaner y Oscar de León. Su canción ?Soy? cuenta con más de sesenta versiones, entre ellas la de los Gipsy Kings que vendió más de siete millones de copias. Willy Chirino también ha compuesto y cantado las canciones de La Zulianita, Pobre Diabla y Laura Virginia, telenovelas que fueron suceso de audiencia.
A los 22 años contrajo matrimonio por primera vez con Olga María Rodríguez, formando una familia junto a sus tres hijas: Angie, Olga María y Jessica, producto de esta relación de 12 años.
Luego llegaría la mujer con quien, desde hace 23 años, comparte su vida. “La conocí cuando ella era muy niña y ya era una artista famosa”, cuenta al hablar de Lissette. “En 1965 nos vimos por primera vez cuando yo trabajaba como percusionista de la orquesta de Julio Gutiérrez, en Nueva York, y ella era la gran estrella de la noche”.
De la admiración a la pasión nada más hay un paso. Por eso, cuando Lissette se radica en Puerto Rico y llega a sus manos el primer disco de Willy, enseguida descubrió en el músico pinareño un gran valor como compositor y le pide una canción para grabársela.
Así siguieron las coincidencias, derivando en una simple amistad para luego dejarse llevar por el amor que los uniría definitivamente. Junto a ella, tres hijos llegarían a su vida: Nicolle, Alana, y Gianfranco. De todos, las cinco hijas mantienen viva la pasión por la música con que crecieron en su hogar, algunas a través de la composición, otras como intérpretes.
Por su casa, grande y con el mismo espíritu familiar que reinaba en las de sus padres en Cuba, pasan a diario sus amigos artistas. Entre ellos Marisela Verena y Arturo Sandoval, entre tantos amigos, que encuentran allí, un refugio para su arte y sus emociones.
Una vida de sueños
“He logrado lo que llaman el sueño americano, haber hecho de mi vida lo que he querido, vivir de la música”, dice con satisfacción, aunque reconociendo que quedan muchos territorios por conocer, mercados por conquistar y gente a quien llegar con su arte. “Mi desafió de cada día es mantener lo conseguido, superar los quince minutos de fama que es donde la mayoría de los artistas quedan atrapados”.
Sabio y profundo, disfruta mucho más del trabajo cotidiano que del sabor perecedero de un momento exitoso. “Siempre uso las palabras de Alberto Cortés que resumen esta filosofía muy claramente: ‘Prefiero más que llegar pensar que ya voy llegando, andar por andar andando, caminar por caminar’ ”.
Muchos de los sueños del niño de Consolación del Sur están repletos de realizaciones, pero el todavía se resiste a dejar aquél niño que vivía soñando. “Si hay algo que un artista no debe hacer, es dejar de soñar”.